La integración de la Zona Austral de Chile posee múltiples modos de transporte y frentes de trabajo. En la actualidad, se avanza en el proyecto de la fibra austral, una fibra óptica que complementará las existentes mediante una licitación internacional –que representa una inversión del orden de 100 millones de dólares– que posibilitará tener en forma instantánea conectados Puerto Montt – Chiloé – Palena – Aysén y Magallanes.

Esta línea de 2.700 kms., tendrá vertebras que facilitarán acogerse a todos los beneficios y servicios, desde la salud y la educación, hasta los emprendimientos y la conservación de este importante patrimonio natural y cultural.
Del mismo modo, se progresa en la construcción del camino de 2.950 kms., entre Puerto Montt y Puerto Williams, obra que también pondrá en valor los múltiples valles y el variado perímetro costero de la Patagonia chilena con potenciales de energía, alimentos, medicamentos y una veta del turismo sustentable –cada día más relevante– en toda época del año; sin duda, tramos que estaban casi en el olvido y que hoy día están en construcción para conectar a nuestro país, la provincia de Palena, la Región de Aysén y a futuro, Magallanes.
También existen avances en conexión aérea, como la del reciente subsidio, con una línea regional entre Punta Arenas y Balmaceda, y donde con regularidad esforzados y experimentados pilotos conectan localidades aisladas, como son los casos de Melinka y Villa O’Higgins, en la región de Aysén.
En el mundo van quedando muy pocos lugares como la Patagonia chilena –que representa el 34% de la superficie de Chile continental en Sudamérica. Hoy es posible apreciar en toda época del año cómo personas con mayor perspectiva van adquiriendo terrenos y van realizando emprendimientos que tienen un alto significado.
La educación, capacitación, innovación e investigación, así como las universidades regionales –y en ello cabe consignar nuestra naciente Universidad de Aysén que junto con la Austral con todo su vasto potencial–, tendrán un rol más que relevante para que sean las propias comunidades reforzadas con personas de otras partes del mundo, quienes asuman este importante desafío, sin alterar la capacidad de carga de los ecosistemas naturales. Más aún: el auténtico desafío de esta parte del continente sudamericano es constituirse en vivo ejemplo de un desarrollo armónico para otras partes del planeta.