Sin resultado definitivo todavía, las actas electorales de la segunda vuelta presidencial en Perú dejaron al desnudo la profunda grieta política, económica y social del país vecino.
Una población andina votó por amplia mayoría a favor de Pedro Castillo, desde la sierra norte hacia la sur, y una mayoría en Lima y en las principales ciudades de la costa se inclinó por Keiko.
De acuerdo con los resultados oficiales, Fujimori ganó claramente en seis de regiones del país: la capital Lima (65 %), Callao (67 %) e Ica (52 %) en la zona costera central, y Tumbes (65 %), Piura (60 %) y La Libertad (56 %), en la corte norte.
Los departamentos en los que ganó la hija del ex Presidente, Alberto Fujimori, tienen un mayor desarrollo urbano y cuentan con algunas de las ciudades más pobladas del país. Entre Lima Metropolitana y el Callao suman el 33 % del padrón electoral (unos 8,3 millones de electores) y le siguen en importancia la zona norte (Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Áncash, Amazonas y Cajamarca), con 25 %.
Castillo se impuso en 17 regiones, entre estas las empobrecidas zonas andinas y del sur peruano. El candidato de Perú Libre arrasó en los departamentos de Puno (89 %), Huancavelica (85 %), Ayacucho (82 %), Cusco (82 %) y Apurímac (81 %). También consiguió holgadas victorias en las regiones sureñas de Moquegua (72 %) y Tacna (72 %) y Cajamarca /71 %), una zona de la sierra norteña de donde el profesor rural es originario.
Las circunscripciones en las que sacó ventaja Castillo tienen comparativamente menos población de las que dieron el triunfo a Keiko. Las nueve regiones que se agrupan en la zona sur representan el 12 % del padrón electoral, mientras que las cuatro centrales tienen sólo el 10 % de los votantes.
La región donde Castillo se impuso con amplitud ha votado tradicionalmente en contra del establishment político y por eso se le identifica como “zona combativa”
Por sus características socio económicas contrasta fuertemente con Lima y los prósperos centros urbanos de la costa norte (Trujillo, Chiclayo y Piura), que se han beneficiado del modelo neoliberal que ha imperado en las últimas tres décadas en el país.
En la campaña para la segunda vuelta, Castillo apeló directamente al voto del Perú “pobre y campesino”, mientras que Keiko se presentó como la garante de la defensa del “modelo peruano” de crecimiento.