La designación de Brasil como sede de la Copa América de fútbol ha desencadenado un tsunami de críticas de los distintos sectores, incluidos los principales protagonistas de la cita continental: los futbolistas.


La Conmebol, por la unanimidad de sus diez federaciones, se inclinó por el gigante sudamericano pese a que se encuentra en una situación alarmante de crisis sanitaria, quizás peor que la de Argentina, donde inicialmente se iba a disputar íntegramente la Copa.
Los planes originales contemplaban una organización conjunta de los argentinos con Colombia, pero este último país desistió a raíz de la ola de protestas sociales contra el gobierno de Iván Duque.

La situación social en Brasil no es muy distinta tampoco. Su designación como sede de la Copa se produjo horas después de multitudinarias protestas callejeras contra el Presidente, Jair Bolsonaro, por el mal manejo de la crisis del covid 19.


Con 462.092 fallecidos desde el inicio de la pandemia, Brasil es el segundo país del mundo con más decesos por coronavirus luego de Estados Unidos. Además, hasta el momento registra 16.471.600 contagios, incluyendo los 79.670 reportados en el último parte. La media móvil de los últimos siete días fue de 61.306 casos positivos cada 24 horas.


Si bien aún no se confirmaron las sedes elegidas, la intención de la Conmebol es que las distancias entre las ciudades elegidas no sean muy grandes para evitar muchos traslados, tomando en cuenta la crítica situación sanitaria brasileña.


Según los diarios argentinos, entre anoche y esta mañana se vivieron momentos de zozobra. Se pensó incluso en volver a postergar el torneo que ya se había aplazado en 2020. Pero pesó la necesidad manifiesta de los presidentes de las federaciones que por un lado necesitan que sus selecciones tengan rodaje de cara al Mundial. Y, sobre todo, el hecho de cumplir contratos millonarios que se firmaron y que en muchos casos ya se habían gastado.

En las deliberaciones se habló con fuerza de Estados Unidos, que en 2016 organizó la edición del Centenario, por su plan avanzado de vacunación y la facilidad para que el público pueda asistir a los partidos. Pero, según pudo averiguar el diario Clarín, jamás estuvo en carpeta la idea de sacar el torneo de Sudamérica.


Al argumentar sobre la elección de la nueva sede de la Copa, el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, sostuvo que “el gobierno de Brasil demostró agilidad y capacidad de decisión en un momento fundamental para el fútbol sudamericano”, de acuerdo con el sitio web de la institución.

Según Domínguez, “Brasil vive un momento de estabilidad, tiene comprobada infraestructura y experiencia acumulada y reciente para organizar una competición de esta magnitud”.


En los días previos al cambio de sede, algunos jugadores, como los uruguayos Luis Suárez, Edison Cavani y Muslera, declararon abiertamente que la Copa debía cancelarse.