Chile, es uno de los países más inequitativos del mundo. Esto significa que las grandes diferencias sociales, económicas y de acceso al poder, generan una fuerte tensión y frustración en la gente.

 

Esto se manifiesta de distintas maneras, pero dentro de las más significativas están el bajo nivel de abstención en las elecciones, la baja participación ciudadana y en el descrédito de muchas de las instituciones y particularmente la política.

 

Esto ha quedado de manifiesto en investigaciones y encuestas como las que realiza el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, de calidad de vida, que se efectúan desde hace 20 años. También las enormes diferencias de las jubilaciones, y en las áreas pública y privada que padecen un excesivo centralismo y preponderancia de las formas y los procedimientos respecto al fondo.

 

Dentro de estos ejemplos, el PNUD  a través de un Indicador de Desarrollo Humano IDH, establece que algunas comunas del centro oriente de Santiago, se asemejan a países altamente desarrollados y con buena calidad de vida como los escandinavos y el norte de América; y en cambio otras comunas más rurales de regiones de Chile están al nivel de países desmedrados del África.

 

Esto irónicamente también se manifiesta dentro de la política; en la cual se discrimina dañando a los independientes y a los movimientos incipientes, como lo son los Regionalistas, Ambientalistas y los que quieren salirse de un esquema que no se sostiene entre otras, en lo social y que privilegia el centralismo y la concentración económica. Los partidos políticos regionales y los nuevos, están sometidos a un complejo procedimiento administrativo, que para variar dependen siempre de decisiones y resoluciones que se toman en Santiago.

 

Los adversarios del centralismo y la concentración económica, son objeto de los más variados ataques. Tenemos hoy la alternativa de la elección de la autoridad regional, cuya Reforma Constitucional está próxima a ser aprobada.

 

Al igual como el abuso de los sistemas previsionales, el uso del dinero de las personas en los sistemas financieros y en contra de sus propios intereses, finalmente la solución se encuentra en una participación y manifestación ciudadana en redes sociales y en todas las instancias que se pueda, que muchas veces es  alternativo y marginal a lo institucional. El gran desafío está en la inclusión, en la capacidad de un cambio profundo.