Con argumentos de todo tipo han sobrado excusas para evitar el compromiso de que la autoridad regional sea elegida por votación popular. Resulta por decir lo menos extraño, el que habiendo una clara mayoría de parlamentarios que representan a las regiones, no se haya podido avanzar decididamente en el proceso de descentralización y regionalización.

 

Chile es uno de los países más centralizados del mundo, entre otros, según declaraciones de personeros de la OCDE, y las consecuencias de este fenómeno están transformando a las Regiones, en zonas de sacrificio, incluida la Metropolitana, y los ciudadanos se sienten cada vez más abusados. El desafecto por las instituciones, autoridades electas y temas va en un aumento en un proceso muy poco sano. Casi nadie habla de nuestro país, sino que se refieren a Chile como este país, como algo ajeno.

 

Hace rato hay un compromiso transversal de elegir a la autoridad regional con traspaso de competencias administrativas y financieras, y de servicios públicos asociados. La Comisión Presidencial de Descentralización y Desarrollo Regional, establecida en el año 2014 y un Comité de ministros para implementarla, no ha dado frutos a la fecha.

 

Los plazos para que esta elección pueda efectuarse el año 2017, son cada vez más estrechos.

 

Los argumentos que se esgrimen por un lado el poco traspaso de atribuciones y funciones, y por otro lado el mecanismo de elección que va desde la directa, es decir resuelta en primera vuelta, a mayoría absoluta, o un umbral para el cual se ha acordado un 40%, siguen siendo materia de debate y de una prórroga casi artificial para el cumplimiento de los compromisos. La gradualidad, experiencias pilotos y apoyos supletorios están ya considerados.

 

En distintos medios de comunicación nacional surgen en forma progresiva más objeciones al proceso de descentralización tratando de reafirmar el centralismo casi en una forma sospechosa. ¿A quién le conviene el centralismo?, evidentemente no a los ciudadanos ni a las regiones del país incluida la metropolitana.

 

Ha llegado el momento de que en cada región o localidad, saquen al pizarrón a sus autoridades y parlamentarios para que este compromiso se cumpla, sino una vez más se habrá desperdiciado una oportunidad clave para el desarrollo económico de nuestro país diverso.