Por Álvaro Gutiérrez J.

Comunicador Político (c)

La energía solar nace como necesidad de buscar nuevas matrices energéticas que garanticen el suministro de energía adecuado, en cantidad y calidad para atender a las demandas de la población y el crecimiento económico de las naciones.

Países como Alemania, Italia, Estados Unidos y China vienen destacándose por el uso en gran escala de energía solar, identificándose impactos positivos en los diversos sectores de la economía de los países que han adoptado este modelo más sostenible.

En este escenario, gracias a la naturaleza geográfica de Chile, la posición de nuestro país no puede ser más favorable. Grandes proyectos ya se están ejecutando en nuestro norte grande y otros, proyectos más ambiciosos, se están gestando para convertir a Chile en potencia mundial en este tipo de energía limpia y renovable.

Pero no todo es económico, una nueva tendencia en el uso de esta energía está dando que hablar gracias a su impacto social. Se trata de proyectos de tecnología social en el campo de la producción de energía renovable fotovoltaica, que busca la valoración, potenciamiento e integración de los actores sociales de las comunidades que vivencien esta intervención.

Comunidades indígenas y familias que viven en situación de vulnerabilidad social, beneficiarias de programas sociales del Gobierno que posean casa propia, urbana o rural, están accediendo a estos proyectos.

Si bien son proyectos de acción privada con asociación de entidades públicas, en un corto período de tiempo pueden tornarse como una política pública regional y nacional.

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El atractivo de este tipo de proyectos no sólo recae en la economía de las familias y comunidades sino, en la valorización y la inclusión de las mujeres (política de género) en las fases de pesquisas, instalaciones y montaje, así como la formación de emprendedores individuales convertidos en líderes de equipos y futuros responsables para el proceso de mantenimiento de los equipos.

La metodología de estos proyectos se basa en la construcción colectiva, involucrando a los pobladores y sus organizaciones sociales en todas las fases, incluso en el proceso de gestión.

Estamos siendo parte de importantes cambios sociales y culturales, y proyectos como estos, público-privados, aportan en la inclusión y el crecimiento horizontal de todos, sostenible y perdurable en el tiempo.