Uno de mis traumas de niño era ver a mi madre todos los días llegar a la casa con bolsas en sus manos y no una, sino varias. Además, llegaba de su trabajo, sacaba las compras del día y guardaba las bolsas, pues ‘sirven más de una vez’, repetía cada vez. Cuánta razón tenía…

Hoy, en un mundo completamente distinto, debemos preocuparnos por el impacto que generan nuestras acciones en el medio ambiente, especialmente respecto de lo que hacemos y compramos. En este contexto, surge la interrogante: ¿Qué tipo de bolsas debemos ocupar?, ¿bolsas de plástico o de papel?

En una primera instancia, la respuesta emerge rápidamente: “Las de papel son ecológicas”.

Pero … ¿es tan así? Lamentablemente, no.

Desde la entrada en vigencia de la Ley 21.100 sobre Prohibición de bolsas plásticas para el comercio, la demanda de bolsas de papel se ha duplicado. Estas bolsas, también, son de un solo uso y tienen muchas limitaciones. Las bolsas de papel son más sustentables, cuando se fabrican a base del reciclaje de papel, pero cuando éstas se fabrican en base a pulpa proveniente de explotación forestal, son sin duda muy perjudiciales para el medio ambiente.

Un documento de investigación, elaborado por la Asamblea de Irlanda del Norte en 2011, indicó que “se necesita cuatro veces más energía para fabricar una bolsa de papel que para una bolsa de plástico”. En el final de su vida útil, las bolsas de papel son reciclables, pero siempre que estén limpias y secas; de lo contrario, no se pueden reciclar.

¿Cuál es la solución, entonces?, ¿volver a las bolsas de plástico?

Para los efectos de esta ley, se considera bolsa plástica a toda bolsa compuesta, fundamentalmente, por polímeros derivados del petróleo, independientemente de su capacidad de reutilización o de su comportamiento al finalizar el ciclo de vida. Esto fue ratificado por la Contraloría en el Dictamen 32.648 de diciembre de 2019, en base a una consulta realizada por la Asociación de Bolsas Reutilizables. Este dictamen ratificó que las bolsas reutilizables de TNT Tradicional, fabricadas a base de polipropileno, y las bolsas reutilizables de polipropileno laminadas (rafia) que aún se pueden encontrar a la venta en algunos locales de retail, también están prohibidas.

Este es un tema que ha sido, ampliamente, cuestionado desde la publicación de la ley, ya que la misma no considera si una bolsa es reutilizable, reciclable, biodegradable o compostable. Sólo hace referencia a su composición, por lo que sólo se permiten bolsas fabricadas con polímeros bio basados, bolsas de fibra vegetal o bolsas de papel.

Para medir la sustentabilidad de una bolsa, que parece ser el tema de fondo, se debe analizar su ciclo de vida completo, desde la extracción del recurso natural, su producción, uso y fin de vida. Esto se mide en el nivel de emisiones de CO2 en Kg. La cantidad anual de CO2 emitida por una bolsa reutilizable vegetal, según datos aportados por Unibag, la principal fábrica de bolsas reutilizables vegetales en Chile, es 2.500 veces menor a la de las bolsas de papel (aun suponiendo que se le da un segundo uso a la bolsa de papel).

Una cualidad sustantiva de la bolsa reutilizable vegetal es que es compostable y cierra su ciclo de vida post consumo, en Chile a través del Programa de Recuperación post consumo impulsado por Unibag. Este programa consiste en recuperar, junto al retail las bolsas ya usadas, y enviarlas a una planta de compostaje industrial para su transformación en compost en menos de 5 meses. Programa que cuenta con el patrocinio del Ministerio de Medio Ambiente.

Para complicar más las cosas, las bolsas reutilizables de algodón que se venden en Chile, son mayormente fabricadas en Asia. Estas bolsas no se pueden reciclar en Chile para volver a confeccionar otras bolsas con material reciclado y tampoco son compostables. Las bolsas de algodón tienen que reutilizarse por lo menos 200 veces al año, durante al menos 6 años para igualar el impacto ambiental de una bolsa reutilizable vegetal.

El mayor problema de la bolsa de papel es su baja durabilidad, pero posee la ventaja de que se descompone mucho más rápidamente que el plástico y, por lo tanto, es menos probable que sea una fuente de basura y suponga un riesgo para la vida silvestre. El papel es más reciclable mientras que las bolsas de plástico pueden demorar entre 400 y 1.000 años en descomponerse.

Entonces, ¿qué es lo mejor? Las bolsas de papel requieren un poco más de reutilización que las bolsas de plástico, las que deben ser reutilizables para que sean más ecológicas que las bolsas de plástico de un solo uso. Por lo tanto, la bolsa de papel requiere ser reutilizada una mayor cantidad de veces, lo que nos lleva a una consideración práctica: ¿la bolsa durará lo suficiente para aguantar, al menos, tres viajes al supermercado? En su conclusión, la Agencia de Medio Ambiente dice que “en general es poco probable que la bolsa de papel pueda reutilizarse el número de veces requerido, debido a su baja durabilidad”.

¡Me confundí¡, ¿qué debo hacer entonces?… ¿qué utilizo para contaminar menos? La clave para reducir el impacto ambiental de las bolsas, sin importar de qué estén hechas, es reutilizarlas tanto como sea posible, dice Margaret Bates, profesora de gestión sostenible de residuos en la Universidad de Northampton, Reino Unido. Muchas personas olvidan llevar sus bolsas reutilizables en su viaje al supermercado y terminan por consumir más en la caja de pago. Esto tendrá un impacto ambiental mucho mayor en comparación con la simple elección de usar papel, plástico o algodón.

Aunque llevamos más de dos años sin usar ninguna bolsa de plástico, en realidad no podemos sacar cuentas alegres por ello, si hemos utilizado muchas bolsas de papel pequeñas; es decir, una vez más, yo estaba equivocado y mi madre tenía la razón.