Dice la noticia (El País): “La Policía de Nicaragua ha detenido la mañana de este domingo a la exguerrillera sandinista Dora María Téllez, heroína de la revolución sandinista y una de las figuras prominentes en la política del país centroamericano, luego de horas de asedio policial. Junto a ella fue apresada la activista Ana Vijil, integrante del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) —renombrado Unamos—, la agrupación que el escritor Sergio Ramírez fundó en los noventa y de la que Téllez es su máxima representante. La detención fue confirmada por Unamos, que ha exigido el respeto a la integridad de Téllez y Vijil y ha condenado lo que cataloga como ”una agresión de la dictadura contra la oposición”. Téllez se suma a la lista de destacados integrantes de la oposición nicaragüense, incluyendo cuatro aspirantes a la presidencia, que han sido apresados en las últimas semanas por el régimen de Ortega, en una nueva ola represiva que tiene como fin despejar el camino del mandatario a una tercera reelección consecutiva”.

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“La número ‘Dos’, única mujer del comando, es Dora María Téllez, de veintidós años, una muchacha muy bella, tímida y absorta, con una inteligencia y un buen juicio que le habrían servido para cualquier cosa grande en la vida”. Así describía Gabriel García Márquez a la Comandante Dos, en una extensa crónica publicada en 1978.

“Era una muchacha delicada y pequeña que, más tarde, durante la ofensiva final, fue una de las combatientes más aguerridas. Dora María Téllez, estudiante de medicina, dirigió las tropas que dominaron la primera ciudad que se liberó en Nicaragua en 1979. Su estado mayor militar estaba integrado casi totalmente por mujeres”, escribió la escritora Gioconda Belli, compañera de Dora en el FSLN, muchos años después en su autobiografía novelada El país bajo mi piel.

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Conocí en Managua en otra época a Dora María Téllez, una mujer de pocas palabras y rostro decidido, símbolo de la revolución sandinista, guerrillera combatiente de la toma del Palacio Nacional en 1978 y que en 1979 dirigió la toma de la ciudad de León, la primera en caer en poder de los sandinistas durante la ofensiva final contra la dictadura de Somoza. Luego fue ministra de Salud y más tarde fundadora del Movimiento de Renovación Sandinista, junto a Sergio Ramírez, críticos de la deriva autoritaria de Ortega. Esta detención, con pretextos futiles de intervención extranjera, es otra vergüenza inaceptable de la dictadura clánica de Daniel Ortega.

Las revoluciones, cuando no consolidan las formas democráticas que son propias de toda emancipación auténtica, terminan por ser apropiadas por seres guiados por el afán sin límites de poder personal o de algún clan familiar o burocrático. Es de esperar que Ortega y su mujer (es la vicepresidenta) no logren su tercera “reelección” y la movilización popular logre restablecer las libertades públicas y retomar una senda de avance social. Nicaragua sigue siendo uno de los países más pobres del planeta, dirigido por un grupo de audaces que pactó con la derecha, el conservadurismo de toda índole y finalmente se afincó en el poder y afianzó su poder económico familiar y el dominio de los medios, poniendo a su servicio a los poderes de un Estado que, entre otras cosas, prohíbe formalmente la reelección. Y los ha usado para reprimir las protestas populares que estallaron en 2018.

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Copio lo señalado hace un tiempo por el comandante sandinista Henry Ruiz, a quien también tuve el honor de conocer y es una figura admirable y un baluarte de la revolución sandinista, ya con más de 80 años:

“¿Cómo llegamos hasta donde hoy estamos? Y no digo cómo llegó el Frente Sandinista hasta aquí… porque el Frente Sandinista no existe. Lo que hay ahora es sólo un grupo político alrededor del caudillaje de Daniel Ortega, un grupo que sigue manteniendo las siglas FSLN, pero donde ya no hay mística y tampoco hay normas ni programa ni debate, donde ya no hay nada. ¿Y de quién es la responsabilidad? Los responsables de que Daniel Ortega esté ahí donde está somos en primer lugar quienes luchamos contra la dictadura de Somoza, todas las generaciones que cuarenta y pico de años atrás luchamos contra una dictadura y después fuimos permitiendo que este tipo esté hoy encajado en el poder. Durante años hubo contradicciones importantes, pero dejamos pasar el tiempo… Sí, somos culpables, unos más que otros. Ahora, una incipiente dictadura dinástica se levanta ante nuestros ojos y ante nuestra conciencia desafiándonos. Las dictaduras son experimentos políticos muy dolorosos. Y si los primeros responsables de esta dictadura somos los hombres y mujeres que permitimos que Daniel Ortega llegara hasta donde hoy ha llegado, somos nosotros los primeros obligados a bajarlo de dónde está. Debemos dar el primer paso nosotros. La misión de enfrentar a Ortega es de nosotros, los hombres y mujeres que conocimos el somocismo y que lo enfrentamos, que vivimos la guerra de intervención imperialista de los años 80; somos nosotros, los que vimos iniciarse la democracia como un orden de derechos en que el pluralismo no fue un peligro y la ley escrita parecía respetarse. Retomar la bandera de la justicia social que en aquellos años se deterioró será hoy parte de nuestra lucha”.