“A la chilena” en ocasiones lamentablemente quiere decir mal hecho, a medias, a medio hacer o a medio terminar; incompleto, algo que parece ser, pero no es… Todo en Chile es armado la chilena.

Un buen ejemplo es la cuarentena a la chilena. “Del indice de regularidad gubernamental que está compuesto de nueve indicadores de respuesta que incluyen cierres de escuelas, cierres de lugares de trabajo y prohibiciones de viaje, entre otros, Chile aparece con 79,17 puntos en una escala de 0 a 100. Chile es de los países que más han aumentado el tiempo que la gente pasa en casa por las restricciones de desplazamiento”. Esta cita corresponde a un informe de la Universidad de Oxford que señala que Chile es de los países que más restricciones ha impuesto y ayudas ha colocado para sobrellevar la pandemia.

Pero la universidad olvidó un pequeño detalle: que Chile informe que algo se hace, no necesariamente implica que se haga. Un botón de muestra, lo constituyen los focos comerciales en grandes y pequeñas ciudades. Quienes viven en Santiago pueden ir al barrio 10 de julio o Lira, ambos en la comuna céntrica actualmente en fase 1; y quienes viven en provincia pueden ir al centro comercial de la ciudad, ahí verán que todo funciona prácticamente con normalidad, a pesar de ser comunas en cuarentena.

Tenemos toque de queda en todo el territorio nacional a las 21:00 hrs., pero si ustedes salen después de esa hora, verán gran cantidad de vehículos circular, negocios abiertos y nadie fiscaliza, nadie controla; es decir, cumplimos con tener la medida en el papel, pero que el cumplimiento se produzca en la realidad es otra cosa. Pasamos lista a aquello que tenemos que hacer, por ejemplo, el uso de mascarillas, visto bueno, aunque en realidad el 90% de las personas la lleva en el cuello o a mitad de su boca. Ayuda económica para sobrellevar la pandemia, visto bueno también, pero la realidad es que la crisis se ha sobrellevado con el seguro de cesantía y los retiros del 10%, todos provenientes de los fondos de los propios trabajadores. Disminución de la movilidad, visto bueno, pero la verdad es que se generaron 1.400.000 permisos este sábado recién pasado en zonas con fase 2; los malls abiertos, colas para comprar, hoy 9 de mayo día de la madre, las colas en los restaurantes se extienden por más de una cuadra…

Jugamos a estar en cuarentena, el gobierno hace llamados todos los días, pero en la práctica abre la ciudad, se entregan permisos colectivos a montones, las micros van llenas, la gente está en las calles. Hasta hace muy poco había casinos y gimnasios abiertos, es decir, cuarentena a la chilena.

El gobierno juega el juego, nosotros los ciudadanos también; es que algunos son muy porfiados dice más de alguien, el chileno no hace caso, dicen otros. Todo es verdad, pero a la chilena… creemos que dictando una ley o normativa el problema estará resuelto. Sabemos que es mentira, si nadie fiscaliza nada, sabemos que nada cambiará; pero en ocasiones, creo, que queremos creer que esta vez será diferente.

Otro ejemplo, el impuesto a los súper ricos … Discutimos una ley, aparecen voces de lo buena y necesaria de esta medida, imprescindible dicen otros. El propio jefe de estado suscribió un documento hace meses con todos los multimillonarios del mundo, donde se compromete a pagar más impuestos, pero aquí en Chile se niega a subir los impuestos a los ricos.  Su gobierno pone trabas, la oposición rasga vestiduras. Lo concreto es que los “súper ricos” nunca han pagado lo que deben pagar. Me pregunto, entonces, ¿por qué pagarán esta vez un 2%?, o ¿será un 2% más de lo que ya no pagan?

Lo mismo con el fantasma del royalty a las mineras, que señalan que de aprobarse desaparecerá la minería en Chile. Parece un mal chiste, si en verdad nunca han pagado lo que corresponde pagar. Es más, hay corporaciones que llevan 25 años de pérdidas y con ello evitan pagar impuestos. Pero esta como otras iniciativas de ley calma nuestras conciencias por un tiempo, una reforma a la chilena.

Lamento decirles que, a mi juicio, lo mismo nos espera con el proceso constituyente si no vamos a votar o lo hacemos por los mismos de siempre. Ese es el gran desafío. A una semana de la votación más importante de nuestra historia, la gran interrogante es ¿seguiremos haciendo las cosas a la chilena y manteniendo las mismas instituciones sin cambiarlas en nada? Entonces, seguiremos escuchando, con mucha tristeza, a los jóvenes oficiales de la marina cantar la canción símbolo de la dictadura, “Libre”; como si nada hubiese pasado en este país…

Reforma a la chilena, educación en DDHH a la chilena, modificaciones curriculares a la chilena, reforma a las instituciones castrenses a la chilena…

Llegó la hora… en un sistema que ha sido organizado para que ganen las listas de los partidos y donde el gran enemigo es la dispersión de votos, a pesar de todo y contra todo, llegó el momento de cambiar y hacer las transformaciones que el país necesita. Esa posibilidad depende del voto de cada uno de nosotros; podemos seguir igual, como un gran día de la marmota o cambiar de verdad. Solo depende de ti, de mí, de todas y todos.