El domingo de Navidad se sintió un fuerte sismo en la zona sur austral. Su epicentro fue localizado a 86 kilómetros al noroeste de Melinka. Pese a su alta magnitud, por fortuna, los daños materiales fueron casi mínimos y no hubo pérdida de vidas humanas. Alertadas, las distintas comunidades evacuaron, algunas con mayor dificultad que otras –como Puerto Raúl Marín Balmaceda– a lugares alejados de áreas de influencia de un posible tsunami.

 

Entre los distintos motivos por los cuales los daños no fueron tan altos, se puede señalar que el hipocentro se situó a 30 kilómetros de profundidad, que coincide con la de la corteza terrestre de la placa de Nazca que se introduce en la Sudamericana. Estos planos son los que van acumulando energía que se libera por sismos o en por volcanismo; la falla geológica de Liquiñe-Ofqui juega un rol importante.

 

Las comunidades demandan mejores comunicaciones, como teléfonos satelitales, bodegas de Onemi y la comunidad científica y técnica, una red nacional sísmico-volcánica de mayor cobertura y que los datos que se registren sean compartidos de manera inmediata y que permitan tomar decisiones en beneficio de la comunidad.

 

La magnitud de los sismos se evalúa según la energía liberada, conocida como Escala de Richter, y también, conforme a los daños en pérdida de vidas y materiales como la escala de Mercalli. De acuerdo a la información disponible, el terremoto de Chillán de 1939, que alcanzó una magnitud de 7.8 grados causó la muerte de 30 mil personas; mientras que el ocurrido en 1906 en Valparaíso, con 8,2 grados, dejó un saldo de 3 mil vidas. La intensidad más alta registrada en el planeta corresponde al terremoto de Valdivia en 1960, con 9,5 grados, ocasionando dos mil fallecidos.

 

En otros países también ha habido sismos y fenómenos volcánicos de gran magnitud. Entre los más recientes, cabe señalar el de México en 1985 con 8.1 grados y 10 mil muertos; y el de Japón en 2011, con 9,0 grados de magnitud y 15.893 fallecidos. El de Haití con 7.3grados en el 2010 ocasionó 316.000 muertes!

 

En una reunión sostenida en la localidad de Melinka, con autoridades comunales de Guaitecas y dirigentes sociales, coincidimos en que estos fenómenos son la principal preocupación, por lo que urge realizar ciertas obras, como el traslado a una nueva construcción del liceo, debido a que el actual se encuentra a orillas del mar, misma situación que afecta al cuartel de Carabineros y varios jardines infantiles, entre otros sectores sensibles.

 

También, junto con el comportamiento de las comunidades y los avisos de los organismos competentes, hay que destacar la calidad de la construcción en la isla de Chiloé, con influencia en Palena y Aysén y Magallanes. Estas casas diseñadas con madera, tejuelas, tarugos y ensambles tienen una gran estabilidad y capacidad de absorción de la onda sísmica. De hecho, hoy día es muy frecuente que, aprovechando las mareas, las casas sean trasladadas de un sector a otro, tiradas por bueyes o lanchas, como ocurre en Puerto Cisnes, convirtiendo dicha actividad en un atractivo turístico costumbrista.

 

En 1966, el pueblo completo de Murta fue trasladado a la otra ribera del río del mismo nombre, en la cabecera norponiente del Lago General Carrera. “Lo que no mata, fortalece”. Tenemos que asociar a nuestra educación y cultura la gran cantidad de catástrofes y riesgos a los que estamos expuestos; lo que no debe conducirnos hacia un sentido fatalista o a ocasionar mayores riesgos con megaproyectos sino más bien a la innovación y a la creatividad