Justo a tiempo para el verano y apenas recuperada de la agitación de los Juegos, Río de Janeiro estrenará el 9 de noviembre el acuario más grande de América del Sur

El tubo de 20 metros a través del enorme tanque oceánico, con tiburones y rayas, promete

El tubo de 20 metros a través del enorme tanque oceánico, con tiburones y rayas, promete. Foto: EFE

por   Alberto Armendáriz      fuente  :  LA NACION

RiO DE JANEIRO.- Pronto, muy pronto, las aguas en las playas de Río de Janeiro serán vistas con otros ojos. A partir del 9 de noviembre, quienes visiten la Cidade Maravilhosa podrán explorar el impresionante Acuario Marino de Río de Janeiro, o AquaRio, que permitirá zambullirse en el rico -y amenazado- mundo animal subacuático que existe en las costas de Brasil.

Con 26.000 metros cuadrados de área construida divida en cinco pisos y 28 tanques que suman un total de 4,5 millones de litros de agua salada con capacidad para 8000 peces de 350 especies, el AquaRio será el mayor acuario de América del Sur (el más grande de América latina es el de la Ciudad de México, mientras que el mayor de todo el continente está en Atlanta), una experiencia educativa y de entretenimiento única para que chicos y adultos disfruten en Río de Janeiro. Para el biólogo marino Marcelo Szpilman, director del proyecto, el AquaRio promete convertirse en un tercer ícono de la ciudad después de la estatua del Cristo Redentor y del morro Pan de Azúcar.

Ahora, ni bien ingresen en el AquaRio, los visitantes serán recibidos por el enorme esqueleto suspendido de una ballena jorobada que en 2014 encalló y murió en la Praia da Macumba, en la zona oeste de Río. Y a partir de ese espectacular lobby central, comenzará un recorrido por el fantástico universo marino, concentrado en las costas brasileñas.

3,5 millones de litro

“Queremos que la gente se sienta inmersa en el mundo marino”, apuntó a la nacion Szpilman, quien destacó la triple misión del AquaRio: educación, investigación y conservación. Para ello tuvo como modelos los reconocidos acuarios de Lisboa, en Portugal, y de la Bahía de Monterey, en Estados Unidos.

Ciencia & Surf

En colaboración con el departamento de biología marina de la Universidad Federal de Río de Janeiro, el AquaRio tendrá un área de investigación científica sobre el comportamiento de los animales, además de un sector de conservación enfocado en la reproducción en cautiverio de especies que están amenazadas de extinción. Más adelante, el acuario recibirá un Museo de Ciencias, así como Museo del Surf, una exposición permanente sobre conchas marinas, y un centro de preservación de tortugas a cargo del renombrado Proyecto Tamar, con sede en el estado de Bahía.

Mientras tanto, otras actividades adicionales que el AquaRio presenta -por el pago de una tarifa extra-, son el buceo acompañado en el “tanque oceánico”, en medio de los tiburones, la visita a los bastidores, o pasar la noche en el acuario, en bolsas de dormir para niños alineadas a lo largo del “tanque oceánico”.

Pocos días antes de la inauguración, el mayor lamento de Szpilman es que el agua reciclada para los tanques tenga que ser traída desde el interior del océano Atlántico, de la zona de las Islas Cagarras, frente a las playas de Ipanema y Leblon, en vez de poder obtenerla de la vecina Bahía de Guanabara, que sufre un alto nivel de contaminación. Pero confía en que el futuro la situación cambie.

“Ahora, con la rambla del Centro abierta al público a través del proyecto de Porto Maravilha, la gente volvió a tener una relación directa con la Bahía de Guanabara; eso es clave porque los cariocas se empiezan a dar cuenta de la importancia de mantener sus aguas descontaminadas. Creo que el AquaRio puede ser un gran catalizador en ese sentido”, opinó.

Con un costo de más de US$ 40 millones y varios años de demora, el Acuario Marino de Río de Janeiro es una iniciativa privada emprendida por tres compañías: el Grupo Cataratas (que gestiona servicios de ecoturismo en las Cataratas del Iguazú, en el archipiélago de Fernando de Noronha y en el carioca Parque Nacional de Tijuca), la empresa Esfeco (que opera el tren del morro del Corcovado), y Bel Tur (vinculada al Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad).

El AquaRio, que tendrá una gran tienda de suvenires y concesiones de restaurantes, enfrenta un costo de manutención anual de US$ 9 millones, pero confía en superarlo ampliamente con una expectativa de 1,5 millones de visitantes por año, como ya sucedió con el cercano Museo del Mañana, en Praça Mauá, que en apenas nueve meses desde su inauguración superó el millón de visitantes en septiembre.