Hay a lo menos dos teorías que aplican los ingenieros comerciales y economistas que nunca he podido entender. La primera es por qué la única solución que siempre encuentran para enfrentar los problemas de una empresa es el despido de los trabajadores. Y, la segunda, es la “teoría del chorreo” que promete que si se bajaban impuestos a los ricos se acabaría beneficiando también al resto de la población, porque ese dinero se reinvertiría e impulsaría la economía.

Debe ser, porque no soy especialista en el tema; sin embargo, en mi opinión, estudiar a lo menos 5 años para siempre aplicar la misma formula me parece, a lo menos, algo poco innovador.

En relación al impuesto a los super ricos, esta fue una política que se comenzó a implementar unos años antes de la llegada al poder de Ronald Reagan (EE.UU.) y Margaret Thatcher (Reino Unido). Ambos mitos del liberalismo político fueron quienes apretaron la palanca de los descensos masivos de impuestos para los más adinerados, con bajas de más de 40 puntos, durante sus respectivos mandatos.

Bajar impuestos se convirtió, entonces, en lo que hoy llamaríamos trending topics en las cancillerías del mundo y bajo gobiernos de todo color político. Fue la propia “Dama de Hierro” quien puso el lazo que definió la época: “Mi mayor logro es que hemos obligado a nuestros oponentes a cambiar de opinión”. “Bajar impuestos es de izquierdas”, dijo ufano el presidente socialista español José Luis Rodríguez Zapatero en 2003.

Una promesa teórica iluminó ese camino: si se bajaban los impuestos a los ricos, se acabaría beneficiando, también, al resto de la población, porque ese dinero se invertiría, impulsando así la economía y haciendo crecer los puestos de trabajo y los salarios. Era la llamada “teoría del chorreo”.

Es más, hasta hoy un sector sigue pregonando lo mismo, según el académico de la Universidad San Sebastián, Carlos Fuentes Valenzuela, “Las principales dificultades de colocar ese tipo de impuestos se deben a que los activos que componen los patrimonios, pueden ser de diversas características y porque gran parte de los patrimonios se encuentran en activos líquidos(invierten en fondos que les generen rentabilidad y puedan disponer de ellos rápidamente)”, por lo que no sería eficiente poner este impuesto.

En medio de la pandemia que ha generado una segunda gran recesión, los gobiernos tratan de paliar sus efectos entre la población mientras buscan ingresos para sanear las maltrechas arcas públicas. Así, 50 años después de la baja sostenida de los impuestos a los más ricos, vale la pena preguntarse si ¿valió la pena implementar esta medida?

Los economistas británicos David Hope y Julian Limberg han tratado de responder a esa pregunta en un reciente estudio para la London School of Economics (LSE). Limberg da una primera pista sobre sus hallazgos: “Los gobiernos no deberían preocuparse por las consecuencias económicas de subir los impuestos a los ricos”.

Siguiendo las recetas impositivas neoliberales que habían realizado casi dos decenas de países entre 1965 y 2015, se estudiaron sus efectos en la economía y la sociedad. Algunas de las conclusiones del estudio fueron que la tasa máxima de impuestos sobre ingresos a los más ricos ha caído masivamente en las últimas décadas. Y lo mismo sucedió con otros impuestos que suelen afectar sobre todo a los más afortunados, como los impuestos sobre las rentas del capital o sobre lo heredado. 

Con todos esos datos listos, los investigadores compararon la trayectoria de esos países, con naciones que no habían acometido tales reformas impositivas y ver así cómo se habían comportado sus economías. Y los efectos que detectaron fueron cercanos a cero, es decir, las economías de los países que bajaban impuestos no habían generado un mayor crecimiento económico añadido ni habían creado más empleo. “Nuestra investigación muestra que la argumentación económica para mantener bajos los impuestos a los ricos es débil”, reflexiona Hope.

Una conclusión con la que concuerda Ignacio González, investigador y profesor de Economía de la American University: “La evidencia de que menores impuestos al capital estimulan la inversión es muy escasa”. “Lo que observamos, más bien, es que el período de reducción de impuestos ha sido, también, un período de estancamiento de la inversión”, le explica a BBC Mundo desde Washington D.C (EE.UU).

“Esto puede ocurrir por diferentes razones. En primer lugar, si un inversor tiene un objetivo de beneficios que ha visto satisfecho, precisamente, gracias al hecho de que estos están poco gravados ¿qué incentivo tiene para invertir más dinero? Es decir, puede que los economistas no hayan entendido el comportamiento de los inversores y que éste no se ajuste a lo que predice la teoría clásica”, apunta.

“En segundo lugar, los economistas también han subestimado la cantidad de ingresos del capital que no son fruto de inversión productiva y arriesgada, sino que reflejan una simple extracción de rentas procedentes del resto de la economía y que, como tal, deben ser gravadas a unos niveles mucho más elevados. Por ejemplo, los beneficios que una empresa obtiene al ejercer su poder de monopolio o las elevadas rentas de alquiler que obtienen el propietario de capital inmobiliario en el centro de una gran ciudad. Hay mucha evidencia de que este tipo de rentas han aumentado en las últimas décadas”, argumenta el economista.

Parece que los dioses de la economía no respondieron con los dotes esperados al sacrificio ofrecido, según estos expertos, porque hubo un sacrificio y un precio a pagar: “Los grandes recortes de impuestos para los ricos, desde los años 80 sobre todo, han aumentado la desigualdad de ingresos, con todos los problemas que eso conlleva”, sentencia Hope, coautor del estudio de LSE.

La riqueza parece, pues, un alquitrán dorado sumamente pegajoso. Una vez que eres rico, es difícil dejar de serlo. Esto explicaría que, a lo menos, en Chile un 67% de las grandes fortunas son herencias; curioso resulta entonces que los impuestos a las herencias han caído en picada, también, en los últimos años.

El gran mito de la meritocracia moderna habla de emprendedores que se hicieron millonarios comenzando con una idea en un pequeño garaje o taller. Enseguida vienen a la cabeza casos paradigmáticos: Bill Gates (Windows), Steve Jobs (Apple), Amancio Ortega (Zara), entre otros, pero en muchos países buena parte de las fortunas no son tan románticas.

¿Quiénes son esas fortunas en nuestro país, según Forbes?

, 1. Iris Fontbona y su familia

2. Sebastián Piñera y familia

3. Julio Ponce Lerou

4. Jean Salata

5. Horst Paulmann

6. Álvaro Saieh Bendeck

7. Roberto Angelini Rossi

8. Patricia Angelini Rossi

9. Luis Enrique Yarur Rey

10. Bernardo Matte

El problema mayor es que con la pandemia, y la crisis económica que estamos viviendo, no corregir estos desequilibrios en la circulación de la riqueza, a través de impuestos y otras medidas redistributivas, tiene consecuencias económicas y sociales graves, según los autores del estudio. La cuota de riqueza de los más ricos en cada país no ha parado de aumentar desde 1980.

Esta situación, unida a la concatenación de crisis mundiales en los últimos años parece estar resquebrajando el consenso anterior en relación a los impuestos, la desigualdad y la pobreza. “La mayoría de los estudiantes de economía han escuchado el argumento de que lo que importa es la pobreza, no la desigualdad. Esta era una visión normativa muy extendida en las facultades de economía, especialmente, en la década de los 90 y 2000”, explica González de la American University. “Esta idea se basa en la concepción errónea de que las rentas de mercado son las que ‘nos merecemos’, lo que convertiría a los impuestos en sospechosos desde un punto de vista moral. La cuestión distributiva se convierte, por construcción, en un ‘problema menor’ y sólo habría que garantizar lo suficiente a los pobres”. Aquí se derrumba otro de los mitos que nos han tratado de inculcar por años, la meritocracia, el esfuerzo, podrían modificar la situación “Esta visión tiene poco sentido por una razón muy obvia: las rentas del mercado están determinadas por una multitud de factores completamente exógenos al esfuerzo individual, incluyendo las políticas, como el propio sistema impositivo. Por lo tanto, más allá de la consideración moral sobre la distribución resultante, la base fáctica de ese tipo de argumentos es completamente falaz”.

Así las cosas, la ausencia de sistemas impositivos fuertes genera problemas sustanciales para combatir la pobreza.

En nuestro país, ¿Cuánto acumulan los “súper ricos”?

Según el informe “Panorama Social en América Latina de 2018” dado a conocer por la CEPAL, el 2017 el 50% de los hogares de menores ingresos accedió al 2,1% de la riqueza neta del país y el 10% de los más adinerados se quedó con el 66,5%. Mientras que ese 1% al que aludió Corbo concentró el 26,5% de la riqueza de Chile.

En tanto, por su parte, la investigación “Riqueza Global” confeccionada por la firma Boston Consulting Group (BCG) apuntó que en 2018 la riqueza financiera privada en Chile se elevó un 3% llegando a los US$493 mil millones, representando el 10% del total de la riqueza personal de Latinoamérica el año pasado como se publica en Emol.


Las fortunas han aumentado en pandemia, lo que genera un nuevo quiebre en el pacto social y si ya la evidencia es clara a este respecto ¿por qué todavía no se aumentan los impuestos a los más ricos de nuestro país, protegiendo la posible recaudación de la fuga de capitales al extranjero?

Después que los ingenieros comerciales y los economistas aborden en profundidad esto, quizás puedan ir más allá y comprender que los despidos de los trabajadores no son el único camino para solucionar las crisis al interior de las empresas.