Mi primer viaje al extranjero fue a los 10 años, cuando mis padres por motivos de trabajo me llevaron un par de días a Mendoza, Argentina. No son más de 542 kilómetros lo que separa a ambas ciudades, pero el impacto que generó ese viaje en mí dura hasta hoy.

Viajar es como subirse a una máquina del tiempo, fue mi respuesta cuando alguien me preguntó por la experiencia; sensación fue acrecentándose con los años, porque parecía ir al pasado, a un presente paralelo y, en algunos casos, al futuro.

Viajar al futuro o, al menos, ver el futuro es lo que nos plantea la actual pandemia en contexto de globalización. España es el ejemplo más crítico y, al igual que parte de Europa, está comenzando a vivir la tercera ola de contagios. Nosotros estamos comenzando a ver los efectos de la segunda, si es que alguna vez terminó la primera. Por lo tanto, ¿no deberíamos aprender algo de lo que a otros países le ha pasado?

El diario El País señala que “La tercera ola de coronavirus vuelve a situar a España en nivel de riesgo extremo, con una incidencia por encima de los 250 casos por 100.000 habitantes en casi todas las comunidades. La positividad es la peor desde mayo de 2020: un 17% de las pruebas que se hacen dan positivo. Los ingresos hospitalarios diarios se han doblado y crecen en todas las comunidades autónomas”. En apenas tres semanas, los contagios se han ido por encima de los 20.000 diarios y han superado los registros del otoño. Ese repunte se confirma también en los hospitales, que están viendo ya los mismos ingresos que en el peor momento de noviembre del año pasado. Según datos que proporciona el Instituto de Salud Carlos III desde el mes de diciembre, en la primera ola la subida fue explosiva; en esta es más paulatina y, probablemente, prolongada, puesto que las medidas para contenerla son menos drásticas que el estricto confinamiento domiciliario que comenzó el 14 de marzo.

Mirando al futuro, parece poco comprensible la negativa del gobierno de Chile de revisar el permiso de vacaciones, y seguir intentando manejar la situación comuna por comuna y sin muchas restricciones en la movilidad, cuando la experiencia internacional nos señala precisamente que “Una cosa que sí sabemos es que el virus responde a las medidas que tomamos; si son duras, la incidencia y la transmisión disminuye”, argumenta el epidemiólogo Javier del Águila. Para la presidenta del Colegio Médico de Chile, Izkia Siches,  el plan paso a paso presenta  cuestionamientos desde su génesis  “Dra. Daza, presentó lineamientos sin métricas ni etapas. Eso no era un plan. Están los miembros de la Mesa Social de testigos. De hecho, reiteramos la solicitud de que presentaran el plan de desconfinamiento. La ciudadanía necesita veracidad y transparencia”.

“No entiendo a quién beneficia estos meses de agonía y restricciones intermitentes en lugar de períodos más cortos y estrictos”, añade Anna Llupià, especialista en medicina preventiva y salud pública del Hospital Clínic de Barcelona, que mira con envidia el modelo que está funcionando con positivos resultados en lugares como China, Taiwán, Australia o Nueva Zelanda.

Al parecer en nuestro país estamos más cerca de repetir lo realizado por España donde, en palabras de Miguel Hernán catedrático de epidemiología de la Universidad de Harvard, “El enorme esfuerzo de la primavera de 2020 se ha desperdiciado. Las lecciones básicas no se han aprendido. España tiene la mayor incidencia de los grandes países occidentales, la mayor ocupación de UCI y, probablemente, el mayor exceso de muertes per cápita. Todos los indicadores siguen empeorando, pero las medidas que se toman son más suaves que en países con menor incidencia y que están vacunando más rápido (por ejemplo, Reino Unido). Es incomprensible. Aun cabe la posibilidad de que haya suerte y la situación sea solo, extremadamente, grave en vez de catastrófica, pero sería mejor tener un plan”.

Algo hemos aprendido, pero al igual que en España, el aprendizaje radica más en los equipos médicos que en las autoridades públicas. En el combate a la pandemia la medicina ha aprendido mucho de cómo tratar a los pacientes más graves y las tasas de supervivencia en UCI cada vez son mejores. Hay más equipos de protección personal, más ventiladores mecánicos para habilitar camas extra de cuidados intensivos, el reparto de la enfermedad por franjas de edad es más homogéneo (hay más jóvenes infectados), además de la llegada de la vacuna. Esta sumatoria de elementos le da algo de optimismo a los expertos en salud pública tanto de Chile como en Europa con respecto al devenir de la pandemia. “Seguramente no habrá un racionamiento de los cuidados críticos, como sucedió hace un año, pero será uno muy complicado”, afirma Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid.

Esta era la visión que se tenía hasta que, lamentablemente, apareció la cepa británica. José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública recuerda que, a mediados de diciembre, el primer ministro británico Boris Johnson advirtió de que la epidemia estaba “descontrolada” debido a la mutación y agrega Martínez “Dijo esto y al día siguiente tomó unas medidas distintas de las que había adoptado cuatro días antes”.

El 21 de diciembre, el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) pidió que se suprimieran viajes y encuentros sociales no esenciales.

En España no se hizo nada al respecto: todas las comunidades, excepto la valenciana, siguieron abiertas para acoger a familiares y allegados en Navidades. Todos los expertos advirtieron, entonces, de que esto traería consigo una difícil tercera ola; incluso sin tener en cuenta la variante británica. En Chile al parecer estamos esperando, que la situación se salga de control, mensajes ambiguos por parte de la autoridad, poca y nula fiscalización de las medidas implementadas, más de 14 traslados de pacientes críticos en un solo día por falta de camas UCI, en algunas regiones del país, ¿Qué estamos esperando?, ¿Comenzar a jugar con fuego, llegar al límite de las camas UCI? Hoy solo quedan 180 disponibles, después solo quedará entrar en el dilema de la última cama.