Un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, originalmente una conmemoración que, en la tradición, se ha ido convirtiendo también en celebración. En las luchas sociales está la mezcla de duelo y carnaval, de luto y de alegría, de memoria y presente por un futuro más igualitario. En el Día Internacional de la Mujer, la humanidad conmemora y celebra.

Conmemoramos la muerte de 129 obreras textiles de Nueva York, el 8 de marzo de 1857, asesinadas en un incendio intencional en represalia por sus exigencias sindicales por más igualdad y una jornada de diez horas.

Celebramos que, en marzo de 1946, en Chile se recordó por primera vez el Día Internacional de la Mujer en un acto público en el que habló, entre otras pioneras, la educadora Amanda Labarca.

Conmemoramos a las mujeres caídas en las luchas sociales, a las asesinadas y desaparecidas; a las que sufrieron prisión política, tortura. A las desplazadas, náufragas de las migraciones. A cada víctima de violencia de género reprimida en la casa, en la calle, en el trabajo, el estudio, en todo lugar.

Celebramos a las mujeres que se han organizado a lo largo de la historia por sus reivindicaciones de género, sufragistas, Movimiento de Emancipación de la Mujer (MEMCH), partidos feministas, Mujeres por la Vida, Agrupaciones de víctimas de la dictadura, los cientos de grupos autónomos feministas, las artistas, estudiantes, trabajadoras.

Conmemoramos el silencio cotidiano y la invisibilidad que sufren las mujeres, incluso las más pequeñas y desprotegidas, mediante las diversas formas de discriminación, la violencia simbólica y material ejercida por el Estado y la cultura patriarcal dominante.

Celebramos cada nombre de mujer y la sororidad que despiertan. Cada una y uno, como yo, tiene a quien saludar reflexivamente este ocho de marzo, que estará situado en un momento crucial de nuestra historia donde hay que tomar decisiones por una patria/matria más igualitaria.

Hay tanto más que celebrar y conmemorar. Tantas que nombrar. Yo, por infinitas razones, celebro la existencia de la admirable Pía Barros. Su escritura conmovedora, su maestría para transferir conocimientos y despertar vocaciones. Sus ediciones colectivas. Su desinterés en la solidaridad, sus riesgos inesperados para enfrentar todo tipo de abusos. La sororidad genuina. En fin… tengo otras buenísimas y amorosas razones personales para celebrarla (como cada uno puede tenerlas para celebrar y recordar con su compañera o amiga). Celebro a mis hijas y mi nieta: todas mujeres, buenas personas y creativas, y me enorgullece conocerlas. Conmemorar o celebrar también es un asunto personal.

Jorge Montealegre Iturra
Marzo de 2021.