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Las cajas de alimentos y el letal efecto búmeran que viene

Opinión

Las cajas de alimentos y el letal efecto búmeran que viene

Por Erasmo López Avila, Periodista

El anuncio de Sebastián Piñera por cadena nacional que decidió distribuir, en pocas semanas, un total de 2.500.000 cajas de alimentos a igual número de familias chilenas, debe haber estado convencido que ese era el golpe maestro que le permitiría, por fin, empinarse como figura salvadora de los gravísimos efectos en las economías de los hogares que ha producido la pandemia del coronavirus.

Con una sonrisa de oreja a oreja y con los más dinámicos movimientos de brazos que podía ejecutar, hizo el anuncio, se aplaudió a si mismo e intentó trasmitir a los chilenos su convencimiento de que ésta medida, “inédita e histórica”, dijo, lo consolidaría como protagonista de esta batalla sanitaria.

Los porfiados hechos se demoraron pocos días en demostrar que esa medida, calificada prematuramente como brillante y salvadora por sus más cercanos asesores, se ha convertido en un letal efecto búmeran letal que acabará por golpearle insistentemente su egocentrismo, narcisismo y mesianismo.

Diversos personeros han advertido que la entrega de 2.500.000 de cajas con alimentos es una medida que tiene, a lo menos, muchas desventajas: por ejemplo es una acción política populista discriminadora, que afecta gravemente a la dignidad de las familias vulnerables; obligada al Estado a incurrir en un gasto millonario en dólares (las cajas de compraron al Jumbo, auténticos beneficiarios privilegiando el modelo añejo y anacrónico neoliberal);  la distribución carísima y en una acción de muy lenta ejecución y decenas de miles de funcionarios municipales que, al asumir la tarea de entrega de cajas casa por casa, están viviendo un alto riesgo de contagio, entre otras calamidades producto de la iniciativa del gobierno.

Piñera desoyó las voces que, inteligentemente, le recomendaban que, en lugar de hacer ese multimillonario gasto en cajas de alimentos y acometer toda la complicada cadena de distribución, era preferible aprovechar la amplia bancarización que existe en Chile hasta en los sectores más vulnerables, incluidos los pensionados.

Habría bastado un par de clics en un teclado de la Hacienda fiscal para que miles de millones de pesos se hubiesen transferido instantáneamente, hace meses, a las cuentas RUT, con un aporte inicial suficiente para que el beneficiario, debidamente protegido con máscara y guantes, se moviera al negocio de su barrio y se abasteciera como lo hace cotidianamente para su consumo diario, semanal o mensual.

Este gobierno comete uno y otro error, tras no saber escuchar la voz del pueblo y mucho menos está en su ADN traicionar al modelo neoliberal que lo convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Tampoco quiso defraudar al 1 % de chilenos dueños de este país, que son sus vecinos y amigos.

Lo que no previó Piñera, y quienes aplauden sus ideas, es que las cajas de alimentos, una vez desocupadas, se están convirtiendo en un gigantesco y letal efecto búmeran que saldrá de las manos del pueblo fastidiado, discriminado y pandemoniado, para que regrese a golpearle su cabeza y sus patológicos afanes mesiánicos que tanto daño y muerte están causando en Chile.

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