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La escasez de agua está está empezando a ser una amenaza seria para la producción de cobre en Chile (junto a las amenazas de huelga), país que representa más de una cuarta parte del suministro mundial. Se espera que la demanda de cobre mantenga un ritmo creciente en los próximos años a medida que progresa la transición energética, puesto que las energías renovables o los coches eléctricos son mucho más intensivos en el uso de cobre.

En Chile, esta semana, se ordenó a una mina de BHP Group que detuviera el bombeo de agua subterránea durante tres meses, mientras que Antofagasta (otra minera) advirtió que producirá menos de lo esperado este año en medio de restricciones en el suministro de agua.

Desafíos para la minería

Aunque es cierto que Cerro Colorado de BHP es una pequeña operación que está llegando al final de su vida útil y el recorte de Antofagasta no es enorme, las interrupciones subrayan los desafíos de explotar minas en uno de los desiertos más secos del mundo. Las minas de cobre han estado bombeando agua de los acuíferos bajo el suelo durante décadas, a menudo en detrimento de las comunidades locales.

El problema ha cobrado importancia recientemente a medida que el desierto se expande hacia el sur a causa de una sequía que ya dura una década, potencialmente agravada por el calentamiento global. La industria ha respondido intensificando los esfuerzos para empezar a usar el agua de mar, pero el proceso es lento y costoso. No obstante, se espera que represente casi la mitad de su consumo total de agua para 2031.

Chile ahora está redactando una nueva constitución a raíz de las protestas masivas contra las injusticias sociales, con legisladores presionando por reformas que giren hacia un sistema de agua que ha dependido en gran medida de la empresa privada y las fuerzas del mercado para asignar derechos y brindar servicios.

En ese contexto, un tribunal ambiental tomó la sorprendente medida de bloquear, aunque sea temporalmente, el uso de agua del acuífero Lagunillas en Cerro Colorado a partir del 1 de octubre al conocer una demanda que acusa a la explotación de daño ambiental.

La empresa dijo que “evaluará los cursos de acción con base en los instrumentos que el marco legal brinda y tomará acciones operativas para cumplir con las medidas disponibles”

La más pequeña de las tres minas de cobre de BHP en Chile se ha enfrentado a la oposición de las comunidades locales por su uso de agua subterránea. El año pasado, anunció planes para reducir las operaciones, adelantándose efectivamente a la desmantelación programada al vencimiento de sus permisos en 2023. En ese momento, la compañía dijo que continuaría explorando opciones para extender la minería más allá de 2023 mediante el uso de agua de mar.

Antofagasta ahora espera producir de 710.000 toneladas a 740.000 toneladas de cobre este año, por debajo de su pronóstico anterior de 730.000 toneladas a 760.000 toneladas. La empresa con sede en Santiago está construyendo una planta desalinizadora, pero que no entrará en funcionamiento hasta la segunda mitad de 2022, poniendo en riesgo otras 50.000 toneladas de producción de cobre el próximo año.

Una sequía aguda

“Este año ha sido el más seco en 12 años en Chile”, dijo Antofagasta en un comunicado el jueves. “Dado que la temporada de lluvias tradicional va de junio a septiembre, parece cada vez más probable que los bajos niveles de precipitación continúen hasta al menos el invierno del hemisferio sur el próximo año”.

A todo lo anterior se suma una demanda de cobre que podría verse impulsada por la transición energética que está en marcha en buena parte del globo. Un mayor uso de vehículos eléctricos y la expansión de la capacidad de las energías renovables para reducir las emisiones nocivas se traducirá en una aceleración del crecimiento de la demanda de cobre en los próximos años.

Charlie Durant, analista de CRU, aseguraba a principios de año que la demanda total de cobre del sector de vehículos eléctricos aumente a casi 1,5 millones de toneladas en 2025 y a 3,3 millones de toneladas para 2030 desde menos de 500.000 toneladas este año.

“La demanda de cobre de los vehículos eléctricos representará el 10% de la demanda total en 2030. El sector de la energía renovable podría ver un aumento de la demanda de cobre de alrededor de 650.000 toneladas en 2020 a más de 1,3 millones de toneladas en 2030”, asegura Durant.