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Es tiempo de ocuparse de la Ética profesional.

Opinión

Es tiempo de ocuparse de la Ética profesional.

Por: Luis Conejeros

Periodista

La falta permanente de control y sanción de faltas a la ética en Chile genera una sensación de impunidad en la ciudadanía que va carcomiendo la confianza en instituciones públicas y privadas.

Dos medios de comunicación importantes, Mega y T13, han sido duramente cuestionados en su estándar ético por informaciones que han difundido. En un caso, imágenes de violencia inexistente en la última marcha de las mujeres y, en otro, la vinculación abusiva de la imagen de la ex Presidenta Bachelet con la crisis energética en Venezuela.

No son casos únicos. Un locutor de radio difunde antiguas imágenes sexualizadas de una actual diputada cuando era menor de edad; la difusión de noticias falsas en redes sociales por parte de personajes conocidos, antes rostros de matinales, que avalaron la tortura al interior de a cárcel. Tampoco se olvida cuando el mismo T13 vinculó a escolares con el Frente Patriótico utilizando fotografías de disertaciones de historia y cuando un reportero en cámara entregó la información de Camilo Catrillanca como un violentista mapuche fallecido en un enfrentamiento.

Por cierto las faltas a la ética profesional, si bien son más vistosas en el periodismo, no se acotan a los medios de comunicación. Ya antes de iniciar su administración el actual gobierno, el subsecretario de salud designado no pudo asumir por haber entregado una beca a un familiar. Antes, en el segundo gobierno de Bachelet, el designado subsecretario de agricultura de Bachelet declinó por un largo historial de deudas impagas y negocios turbios.

¿Que tienen en común estos casos? Fundamentalmente, que circulan en una finísima línea de acciones ilegítimas o incompetentes, pero que no llegan a ser delito. La falta permanente de control y sanción de faltas a la ética en Chile genera una sensación de impunidad en la ciudadanía que va carcomiendo la confianza en instituciones públicas y privadas. Cuando ya no podemos confiar en los noticieros de la TV, porque ante faltas graves a la ética profesional no pasa nada, la verdad es que nos queda poco en qué confiar. Las pequeñas disculpas de los noticiarios no bastan ante faltas tan graves.

Hacia fines de los 90,  cuando ejercí la presidencia del Colegio de Periodistas, conversé largo este tema con el ya fallecido Presidente de la Corte Suprema, Enrique Dávila, quien reconocía que la institucionalidad chilena carecía de mecanismos adecuados para procesar las faltas a la ética que no llegan a constituir delitos. Don Enrique señalaba con frustración que los tribunales de justicia no tienen capacidad alguna (no es su función ni están hechos para eso) de procesar causas relacionadas con la ética profesional. Tampoco lo están organismos cuoteados y dependientes de autoridades de turno como el Consejo Nacional de Televisión u otros generados por los propios gremios que tienen un perfil más intelectual, como el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación (lo cual no le quita mérito, simplemente tiene otros objetivos).

En ese tiempo, desde la asociación gremial postulábamos la necesidad de retornar a los colegios profesionales su carácter de entidades de derecho público y por lo tanto restituir la tuición sobre la ética de los propios pares. Yo a estas alturas tengo dudas si esta sería la verdadera solución, cuando observamos lo difícil que resulta para estas entidades vincularse con el estilo de vida de los profesionales del siglo XXI. Por de pronto, no creo que quepa en la mente de las nuevas generaciones la obligatoriedad de pertenecer a una entidad, como defendimos en el pasado los que fuimos dirigentes gremiales. Entre los más moderados se planteó en ese tiempo la posibilidad de tener “tribunales especiales de ética profesional”, entidades públicas integradas por personalidades y académicos.

Lamentablemente los gobiernos se consumen en las urgencias, que no necesariamente son de lo más importante y trascendente, como sí lo es hablar sobre un buen sistema de resguardo y revisión ética permanente del actuar de los profesionales y técnicos del país, médicos, periodistas, encuestadores, policías, educadores, etc. Este es uno de aspectos más relevantes que la política podría abordar si quiere resguardar la confianza ciudadana en las instituciones y la fe pública. Asegurar la ética en el ejercicio profesional en Chile es importante-no urgente.

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