En política, una semana puede ser una eternidad, como lo enseña la experiencia histórica. Bajo ese principio, ningún analista serio se aventura a asegurar que Lula Da Silva, recién liberado de los cargos penales por el Lavo Jato, será el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), en las elecciones presidenciales del próximo año.

Lo que sí es seguro es que el ex tornero, líder metalúrgico y ex Presidente de Brasil (2003-2011) jugará un rol decisivo en los comicios de octubre de 2022, a los cuales se presentará, para su reelección, el actual Mandatario, Jair Bolsonaro.

El reciente fallo del juez supremo Edson Fachin, que levantó las penas contra Lula porque, a su juicio, el tribunal que lo enjuició no tenía competencia, debe ser ratificado, o anulado, por el pleno de la Corte Suprema. Pero pocos dudan que los once jueces cambien el pronunciamiento de Fachin, máxime si varios de ellos han recibido duras críticas de Bolsonaro.

Lo concreto es que el fallo judicial removió el tablero de la política brasileña, en un momento en que el actual mandatario sufre en las encuestas el mal manejo de la pandemia por el corona virus. Brasil es el segundo país en el mundo con más muertes por covid19 (casi 270 mil) y el tercero con más casos (más de 11 millones). A ese desolador panorama sanitario se suman una inflación creciente y problemas en las finanzas públicas.

Un sondeo de la consultora Ipec, publicado por el diario O Estado de Sao Paulo a fines de febrero, mostró que el 50 % de los consultados respaldarían a Lula si se presenta en 2022, contra el 38 % que dijo que votaría por Bolsonaro.

En todo caso, en círculos cercanos al actual Mandatario no se ve con malos ojos que su rival en los próximos comicios sea Lula, porque ello favorecería un escenario altamente polarizado.

La gran interrogante de estos días es determinar si el ex Presidente, que goza aún de amplia popularidad, se postulará a un tercer mandato o dará su respaldo a un delfín, que por ahora parece ser Fernando Haddad, el ex rival de Bolsonaro en los comicios de 2018.

Si opta por presentarse, el ex líder del PT y el actual inquilino del Planalto (sede del gobierno) protagonizarán un “choque de trenes” a alta velocidad. Su resultado, dado el peso de Brasil en la región, marcará la senda política de América latina en los próximos años.