El maqui se ha convertido en una estrella emblemática de los frutos nativos que cada día goza de mayor reconocimiento a nivel mundial; su denominación científica es Aristotelia chilensis, nombre muy apropiado por cuanto si tiene valor local también lo tiene a nivel universal. Al igual que otros, este fruto se ha convertido en un producto cada vez más apetecido debido a sus propiedades (antioxidantes y medicinales) y como colorante y alimento. Tal como otros frutos -cauchao, murta, chilco, calafate y plantas, cuyas hojas, corteza, flor o raíz, tienen múltiples propiedades- el maqui se extrae sin planes de manejo y sin garantizar su sustentabilidad.

La Universidad Católica de Chile -entidad ejecutora a través de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal-, la Universidad de Talca -mediante el Centro Tecnológico de Hidrología Ambiental-, y el programa de Estrategia Regional de Innovación del GORE de Valparaíso, financiaron y realizaron el proyecto “Establecimiento de plantación con fines productivos de Aristotelia chilensis en zonas rurales de la región de Valparaíso, a través de la utilización de sistemas de captación de aguas lluvias”.
Este proyecto considera cinco lugares seleccionados con distintas características de suelo, topografía y condiciones climáticas para desarrollar una plantación, en lugares que tienen muy poca precipitación. A través de un ingenioso sistema de una membrana extendida en una determinada superficie, colectan el agua y la guardan en un estanque de 30 mil litros; con ésta se riegan por goteo de manera de garantizar el prendimiento de las plantas, que además están protegidas ante el ataque de roedores y otras especies.
El proyecto se realiza con la participación de las comunidades, para lo cual también ha habido asistencia de Conaf e Indap. El resultado ha sido muy bueno. Los distintos especialistas junto con las comunidades han encontrado mayores bondades en el uso del agua, como agua potable o para riego y también para el combate de incendios.
El maqui se produce en forma natural desde las zonas áridas de Coquimbo hasta las australes de Aysén y Magallanes. Si se fomenta su plantación, al igual que otras especies, dará una enorme cantidad de trabajo y agregación de valor, ya que el producto se puede vender concentrado, liofilizado, congelado o procesado como colorante, medicina o ingrediente gastronómico.
Entre otras bondades -atribuibles a su condición de antioxidante, hipoglicemiante y protector de la retina-, el maqui también previene la erosión, y con otras plantas, ayuda a formar ecosistemas para la recuperación de bosque nativo. No olvidemos que tenemos entre tres y cinco millones de hectáreas que urge forestar, para lo cual hay que revitalizar y enfocar a especies nativas el antiguo DL 701 -hoy satanizado por el exceso de especies de pino y eucaliptus-, que bien manejadas representan una actividad importante de generación de empleo y de dinamización económica que requiere nuestro país.