Este viernes a las 19:30 hrs. se realizará un homenaje, vía zoom, para conmemorar los 39 años de la muerte del presidente Eduardo Frei Montalva.

Carmen Frei invita a reunirse en un acto, bajo el lema “Testimonio Justicia y Nueva Constitución”, que contará con la participación de Nelson Caucoto, Patricio Zapata y Sergio Campos.

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El 22 de enero de 1982, en una de las habitaciones de la Clínica Santa María murió el ex -presidente Eduardo Frei Montalva. Su hija Carmen Frei Ruiz-Tagle, esperaba la entrega del cadáver fuera de la habitación, cuando se asomó a ver qué pasaba en el interior, antes que las enfermeras lograran sacarla, alcanzó a divisar, una escalera metálica en la puerta del baño.

Décadas más tarde, el juez Alejandro Madrid determinaría que, desde esa escalera, ese mismo día, el cuerpo inerte de Frei fue colgado boca abajo y desangrado, sin que su familia supiera, señaló el magistrado; le abrieron el abdomen y echaron parte de sus órganos en un balde. A los familiares les entregaron un ataúd sellado, donde detrás del vidrio sólo se veía el rostro del ex mandatario.

El procedimiento fue parte de las maniobras para encubrir la intervención de terceros en la muerte de Frei, afirmó Madrid.

Según el juez, el ex presidente falleció tras una atención médica “tardía y deficiente”, por la introducción paulatina de sustancias tóxicas no convencionales y diversas situaciones anómalas que deterioraron su sistema inmunológico.

Seis personas vinculadas a los servicios de inteligencia

del general Augusto Pinochet han sido condenadas por estos hechos.

Por  años la versión oficial sostenía que Frei Montalva había muerto de un shock séptico, producido tras una serie de complicaciones post operatorias.

Pese a que el ex presidente se había convertido en el principal opositor a Pinochet, y a que había recibido varias amenazas, nadie pensó que se trataba de un crimen. Nadie excepto Carmen Frei, la segunda de sus siete hijos, quien impulsó la investigación, contra la opinión de su familia y de buena parte de su partido político, la Democracia Cristiana.

“Cuando internaron a mi padre hubo una señora que llamó varios días diciendo que tuviéramos cuidado, que lo iban a envenenar. Nosotros tratamos de poner gente de confianza en la puerta de la Unidad de Tratamiento Intensivo, donde él estaba, pero había otros accesos. La última llamada la recibimos poco antes de que mi papá muriera. Nos dijo que ya no había nada que hacer”.

Durante años, sus hermanos no creyeron que se trataba de un crimen y su postura se resumía en “dejar tranquilos a los muertos”, cuenta la propia hija en “Magnicidio”, el libro que publicó sobre el caso.

“Civiles y militares participaron en la trama del crimen de mi padre, yo creo que la orden se dio al más alto nivel. Es muy difícil que una decisión como esta, la de asesinar a un presidente de la República y no dejar huellas, no viniera del más alto mando, de Pinochet”.

“El día que habló en el Caupolicán, firmó su sentencia de muerte”, asegura Carmen Frei en su libro. “Pasó a ser una amenaza. Porque él quería volver a la democracia, lo eliminaron, como eliminaron a muchos otros chilenos “.

A pesar de ser la hija y hermana de ex-presidentes de Chile, Carmen Frei compartió el mismo destino de silencio, suspicacias y falta de colaboración que enfrentan otros familiares de detenidos desaparecidos o torturados en Chile bajo la dictadura.

“Cuando inicié esta investigación junto a mi marido, Eugenio Ortega, muchas personas pensaron que estábamos viendo conspiraciones donde no las había. Muchos me calificaron de loca, me preguntaron cómo era capaz de inventar esto. Yo nunca mentí, siempre dije sólo lo que íbamos viendo y confirmando. He tenido enorme cuidado de no decir, ni exagerar nada, sino solo lo que hemos comprobado”.

El compromiso de Carmen Frei va más allá de su padre y de su historia familiar “Han sido años duros para mí, pero han tenido sentido, porque si a mí me ha costado tanto llegar a la verdad, no puedo imaginar lo que le ha costado a otras personas. Por eso, me he sentido moralmente obligada a hablar, a escribir, no sólo por mi papá, sino por todos esos horrores que todavía se guardan en secreto en Chile.  Es mi obligación hablar, por todos los que todavía no saben qué pasó con personas de su familia”, añade.

“Para los que dicen en Chile que hay que dar vuelta la página, ellos deben comprender que un sufrimiento así marca la vida de una familia y el dolor sigue en los hijos, los nietos. Para dar vuelta esa página y cerrar todas estas heridas, hay que conocer la verdad y hay que pedir justicia: es lo que corresponde”, concluyó.