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Hoy la ciudad se encuentra bajo una amenaza sin precedentes. La pandemia actual ha obligado a todos quienes nos interesamos por los temas urbanos, a repensar muchos paradigmas y visiones de futuro de cómo debiesen ser nuestras ciudades.
El transporte público masivo denso, por poner un ejemplo, aparecía como el ideal de eficiencia e integración. Hoy en cambio, moverse a través de esta vía supone un riesgo de contagio y es evitado a toda costa, llegando incluso empresas a recomendar a sus trabajadores que -de usarlo- no concurran a trabajar.
Por otra parte, los espacios de uso público: calles, plazas, juegos infantiles, parques, centros comerciales y un largo etcétera, eran hasta unos meses, los lugares en donde podíamos compartir, conversar, jugar, intercambiar bienes y servicios y disfrutar del aire libre. Hoy todos esos espacios de interacción, han sido reemplazados por espacios virtuales, ya sea a través de videollamadas, seminarios web o “webinars”, compras por internet y teletrabajo desde el hogar.
Las ventajas que antes tenía vivir todos juntos en un lugar acotado, con una cierta densidad, lo que conocemos como ciudad, hoy ha llevado a muchos a alejarse de este modelo, a aislarse, en un intento de huir de las amenazas que hoy supone la urbe para la salud.
Sin embargo esto no es sostenible en el tiempo, ya que las ciudades son la manera que ha encontrado la humanidad para lograr el desarrollo y avances que disfrutamos hoy. Desde que pasamos de ser nómades a sedentarios hace 10.000 años y nacieron las primeras ciudades, éstas han sido vehículo de desarrollo tecnológico, artístico, económico y aumentando la esperanza de vida de la población. Salvo claro, cuando sufrimos de alguna pandemia.
Hoy la humanidad se enfrenta al desafío de cómo podemos transformar y adaptar nuestras ciudades al cambio que conllevará mantener los hábitos que estamos formando hoy. Cómo llevamos el distanciamiento social a la ciudad, donde precisamente su definición es ser el lugar de intercambio de experiencias, bienes y servicios.
Por ello el primer desafío será el cómo podremos resolver el tema del transporte, evitando o reduciendo el uso del transporte masivo como lo conocemos hoy. Este punto presenta una grave amenaza a las ciudades, ya que el transporte aislado e individual por excelencia es el auto.
Una de las consecuencias no deseadas de esta pandemia será el aumento en el uso del automóvil particular, en desmedro del uso de transporte público, que, hasta hace unos meses, era el santo grial de las ciudades para resolver sus problemas de movilidad.
Nos costará mucho “aplanar” la curva de aumento de congestión y contaminación, ya que aumentará mucho la presión sobre la infraestructura vial existente.
Es necesario que las autoridades y urbanistas tomemos hoy medidas tempranas y urgentes con el fin de generar y mejorar infraestructura para el transporte privado individual, pero privilegiando modos que no utilicen tanto espacio como los automóviles.



Afortunadamente existen hoy un sinnúmero de alternativas que resuelven la movilidad individual en la ciudad. Bicicletas (en su modo tradicional, eléctricas, plegables), scooter y patinetas eléctricas; vehículos eléctricos menores para el traslado de elementos y otros más que sin duda van a aparecer. La misma caminata será hoy un medio mucho más seguro -desde el punto de vista de la amenaza de la pandemia- que subirse a un colectivo o bus para recorrer unas pocas cuadras.
Se deberá sin duda mejorar la infraestructura de ciclovías y calles, pero de una manera integral. Una ciclovía -por poner un ejemplo- no es sólo pintar un tramo de calle de color azul. Se requiere resolver temas prácticos como los cruces, continuidad, seguridad y sobre todo cómo enfrentamos las condiciones ambientales y de clima.
Es muy diferente pedalear bajo la sombra de árboles de 25 metros de alto, como sucede en la Alameda de Talca, que en el tramo de ciclovía que conecta la calle 11 Oriente con la Ruta 5 Sur. Tramo sin sombra que en verano implica transitar a pleno sol, poca mantención y que pese a todo ello hoy presenta un alto uso.

Imagen objetivo mejoramiento ciclovía costado 2 Norte, Talca


El segundo desafío, es como repensar los espacios de uso público, incorporando el distanciamiento social y medidas de prevención que impactarán en el uso de esos espacios.
Iniciativas como la peatonalización de centros urbanos comerciales para dar más espacio a la circulación de peatones y otros modos de transporte ya están apareciendo en nuestras ciudades. Aunque sean medidas transitorias, llevaran al inconsciente colectivo este concepto de “nueva ciudad”, cumpliendo con un rol muy necesario en este contexto que será el educar y llevar a toda la población estos nuevos hábitos de convivencia.


Iniciativa Calles Compartidas, Rancagua (Imagen @ragliatim vía Twitter)
También aparecen propuestas como la del urbanista y especialista en ciudades inteligentes Carlos Moreno, quien propone las “Ciudades de 15 minutos”, iniciativa que fue acogida por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y que está basada esencialmente en la revitalización de los servicios de cortas distancias -de 15 minutos en movilidad activa, a pie o en bicicleta- buscando que todas las necesidades de un habitante de la ciudad, puedan ser resueltas en un radio de tiempo de viaje no mayor a 15 minutos. Esto supone volver al concepto de la vida de barrio y tener “más centros” en nuestras ciudades.
Con iniciativas como ésta, en las que en diferentes puntos de las ciudades cuentan con vida de barrio, considerando comercio, distintos servicios, oficinas y áreas verdes, entre otros, ante un eventual inicio de contagio en una comunidad ese grupo de personas será más fácil de ser aislado. El movernos en círculos cerrados nos evitarán los contagios cruzados, que se provocan actualmente en la búsqueda de satisfacer los distintos requerimientos de la población que no consigue completar todas sus necesidades en el perímetro más cercano a sus viviendas.
De esta manera, podríamos además contar con modelos de ciudades más resilientes, más equilibradas, con menores brechas sociales y más adaptables a las nuevas exigencias de la salud pública, que han resultado ser altamente desafiantes para todos, sin excepción.
La anterior es sólo una gran propuesta, ya que podemos co-construir entre todos, el mundo público, el privado, la academia y la sociedad civil, muchas iniciativas para repensar nuestras ciudades. Y, tú, ¿nos acompañas a defender la ciudad?

Patricio Ponce Arqueros
Presidente Comisión Ciudad y Territorio
CChC Talca


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