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Piñera contra Michelle: ¿Patetismo, patología, obsesión, envidia? ¿Todas las anteriores?

Opinión

Piñera contra Michelle: ¿Patetismo, patología, obsesión, envidia? ¿Todas las anteriores?

Por: Erasmo López Avila

Periodista.

Resulta francamente patética, contaminada con una alta dosis de patología, la actitud que está teniendo el presidente de Chile, Sebastián Piñera, respecto de su antecesora en el cargo, Michelle Bachelet, hoy ocupando el cargo de Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Desde el día uno de su segundo mandato presidencial, el Presidente Piñera ha desarrollado una estrategia comunicacional destinada a descalificar y ningunear a la expresidenta y a su obra, cuestión que se ha agudizado en los últimos meses a propósito de la grave crisis política, social y económica que afecta a Venezuela.

Su manifiesta obsesión contra Michelle Bachelet se amplifica en un coro de vocerías y declaraciones de ministros y políticos de derecha, que buscan congraciarse con el “Jefe”.

Me atrevo a pensar que detrás de esta estrategia perversa hay una envida malsana del Presidente Piñera que, aunque viva 200 años, jamás podrá alcanzar la estatura de personalidad mundial, de figura internacional y de reconocimiento universal que tiene nuestra compatriota.

Ella ya está en la historia escrita con letras grandes por haber sido la primera chilena en ocupar la Presidencia de la República. A lo anterior hay que sumar que fue la primera encargada de la agencia “ONU Mujer”, de Naciones Unidas, cargo de alta relevancia para promover la igualdad de género, desde donde volvió a Chile para ejercer un segundo mandato presidencial.

Hoy, su condición de Alta Comisionada de los Derechos Humanos ha puesto a Michelle Bachelet en una de las primeras posiciones para ser nominada como futura Secretaria General de las Naciones Unidas.

¿Qué pretenden Piñera, sus voceros y compañeros de ruta en la derecha? ¿Buscan tapar el sol con un dedo?

Hoy la crisis venezolana se ha alzado como un mero pretexto para emplazar y criticar una supuesta inacción de Michelle Bachelet.

Claro, Michelle nos les da en el gusto de sumarse a la amenazante histeria colectiva que viene desde la Casa Blanca, ansiosa de capturar el barril de petróleo más grande del planeta que desde hace décadas está en manos del pueblo venezolano.

Obvio, Michelle nos les ha dado en el gusto de cometer el desatino de intervenir en Venezuela y acusar sin antes investigar.

Simple, Michelle no les ha dado el gusto de apoyar los afanes golpistas de Juan Guaidó, ni los montajes de “ayudas humanitarias”, ni las andanzas siniestras del halcón Elliot Abrams, experto en invasiones en “defensa de la democracia”.

¿Seguirá Piñera haciendo el doble ridículo de, por un lado, gritar a todos los vientos su apoyo irrestricto al político venezolano que se autoproclamó “presidente encargado” por mandato de Donald Trump; y, por otro lado, atacar a Michelle Bachelet, quien, justamente por estos días, preside la Sesión Nº 40 del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra.

Allí, con la perplejidad y el estupor pintado en sus rostros, los chilenos enviados especiales de segunda categoría de Piñera a esa sesión han comprobado que Michelle ha sido objeto de un inmaculado respeto por parte de los representantes de todos los países presentes, incluido Colombia, que asumió la misión de hablar en nombre del inefable Juan Guaidó, autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela. (Ver página D5 del Cuerpo Reportajes de El Mercurio, domingo 03 de marzo de 2019).

¿Seguirá Piñera, en su afán de chaquetear a Michelle Bachelet, desconociendo que la mayoría del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas rechazó la intervención militar en Venezuela y reconoció a Nicolás Maduro como el único presidente de Venezuela?

¿Es que acaso Piñera, con su desbocado narcisismo y su incontrolable afán de protagonismo, estará pretendiendo construirse una carrera internacional para intentar, vanamente, pisar los caminos ya recorridos por Michelle en las más altas cumbres de las organizaciones internacionales?

Craso error de ubicación en el tiempo y en el espacio. El presidente Piñera, tendría que ser engendrado de nuevo, pero antes, su origen celular tendría que ser sometido a una intervención genética para eliminarle de su ADN aquello que se conoce como “temeraria obsesión patológica egocentrista”, que lo convierte con frecuencia en un “multimillonario payaso circense”, con perdón, por favor, de los multimillonarios, de los payasos y de los circos.

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